Hace unos días en Facebook y Twitter hice la petición de que me mandaran fotografías de caminos hechos este verano. Ha sido magnífico ver diferentes lugares, todos llenos de algo especial para los que los habían recorrido.

El simil de ese camino sería nuestra vida, cada uno de nosotros al nacer iniciamos un recorrido, ningún día es igual al otro y nunca podemos volver atrás. Todos en nuestros recorridos de vida nos marcamos unos objetivos y nos ponemos en marcha para conseguirlos. Cuando este verano recorrimos un camino todos teníamos un lugar al que llegar, ese era nuestro objetivo, y para alcanzarlo caminamos, navegamos o volamos; unas veces el motor eran nuestras piernas, otras el barco o el avión, igual pasa en nuestra vida, para llegar al objetivo que queremos necesitamos motivación y esfuerzo.

En un otro artículo definía la motivación como la fuerza que hace que tengamos ganas de luchar por conseguir un objetivo o una meta que nos hemos marcado. Matizando aún más diríamos que todos los factores que hacen que como persona seamos capaces de realizar y mantener una conducta sería motivación.

Ahora imaginemos por un momento que hemos marcado nuestro objetivo a conseguir, que estamos muy contentos, activos y con ganas, es decir, estamos motivados, pero a las primeras de cambio algo sale mal, o simplemente nos sentimos cansados, en ese momento nos llega el desánimo y tenemos ganas de tirar la toalla; si conseguimos seguir luchando, manteniendo nuestros objetivos pese a la situación de adversidad, si resistimos e intentamos mirar otras formas distintas de conseguir lo que queremos, si no perdemos nuestra capacidad de amar, de sentir y de reír, es que somos lo que en psicología se llama “personas resilentes”. Resilencia es la capacidad de adaptación, no se trata de negar que exista un problema sino aliarse con la situación para vencerla. Existe un cuento oriental que expresa muy bien el concepto de resilencia, habla de un roble fuerte y rígido que cuando se enfrenta con un tornado lo único que consigue es que alguna de sus ramas salga mal parada, es decir, rota; en cambio el suave bambú, ligero y flexible cuando hace viento se deja doblar y cuando pasa la tormenta se encuentra en perfecto estado.

En el camino que recorremos cada día todo va cambiando y, aunque no lo creamos, todos tenemos capacidad de adaptarnos a las nuevas circunstancias (resilencia) y también tenemos capacidad para buscar nuevos retos, ganas e ilusiones (motivación), por lo tanto la pregunta sería ¿cómo veo yo mí situación?, ¿cómo la vería otra persona?, ¿qué cosas mejoraría?, ¿qué cosas cambiaría?…. hazte preguntas e intenta responderte con sinceridad, no aplaces tomar decisiones, no te conformes, confía en ti mismo, en tus posibilidades y siempre sigue avanzando, siempre caminando…

 

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